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lunes, 25 de noviembre de 2013

#25N "Los medios de comunicación en la lucha contra la violencia de género"

Dolors Camats
Recomanem aquest fantàstic article de Dolors Camats d'Argemir, Diputada per ICV al Parlament de Catalunya i publicat avui en el marc de la celebració del #25N a  Agenda Pública El diario.es


Dolors Comas d'Argemir analiza el papel de los medios de comunicación en la lucha contra la violencia de género. Según la autora, los informativos han hecho una importante contribución en su tratamiento de estas noticias pero aún hay camino por recorrer respecto a determinados programas de entretenimiento y la imagen de las mujeres que presentan.

El movimiento feminista y las actuaciones políticas han sido fundamentales en la lucha contra la violencia de género. Pero los ciudadanos no conocen el problema a través de activistas o de políticos, sino a través de los medios de comunicación. Así lo constata una encuesta que se realizó en el año 2010 a 1200 ciudadanos por iniciativa del Centro Reina Sofía (clausurado por el Partido Popular). La mayoría de encuestados conocen el tema a través de la televisión (un 69,7%) y un 37,3% a través de la prensa escrita. Un 87,9% cree que la violencia de género está muy extendida y un 90,6% considera que es totalmente inaceptable.

El compromiso de los medios de comunicación en la lucha contra la violencia de género ha sido una característica específica de España, que puede explicar el elevado conocimiento del tema por parte de la ciudadanía, lo que ha legitimado las políticas públicas que se han llevado a cabo. Esta actitud proactiva ya se constata en la década de los años ochenta y noventa, cuando eran los medios quienes contaban el número de mujeres asesinadas y denunciaban la existencia de maltrato en el hogar. Contribuyeron a dar visibilidad a lo que inicialmente se denominó 'violencia doméstica' y que pasaría a denominarse ‘violencia de género’ a partir de la aprobación de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género en el 2004.

El asesinato de Ana Orantes en diciembre de 1997 marcó un antes y un después en este compromiso de los medios. Recordemos que intervino en un programa de Canal Sur explicando los malos tratos que había sufrido por parte de su marido y que tuvo que aguantar debido a su dependencia económica y a los once hijos que habían nacido de su matrimonio. Pocos días después, José Parejo, su exmarido, la apaleó y la quemó viva. Por decisión judicial, compartían la misma casa después de la separación legal: ella vivía en una planta y su exmarido en la otra, por lo que estaba en riesgo permanente. La necesidad de cambios legales y de protección a las víctimas fue un clamor. La imagen de Ana Orantes, una mujer normal y corriente, se difundió por todo el país. Era un ser humano y no sólo una cifra estadística. La brutalidad del caso conmocionó a la opinión pública, creó  un intenso debate social, político y académico, e interpeló a los propios medios sobre su papel y responsabilidad social.

A partir de este momento se introducen cambios en la manera de informar sobre la violencia de género, de manera que las noticias van más allá de ser una crónica de sucesos, y pasan a enfocarse como un problema social. Los informes de seguimiento que anualmente  lleva a cabo la Associació de Dones Periodistes de Catalunya muestran una mejora sensible en el tratamiento del tema por parte de la prensa escrita respecto a años atrás. En el caso de la televisión, también los programas informativos cumplen este papel de información y sensibilización ciudadana. Un informe del Consejo del Audiovisual de Catalunya del año 2010 muestra que en las televisiones analizadas no hay ninguna noticia que justifique implícitamente la violencia: ni se culpabiliza a las víctimas ni se atribuye a patologías del agresor. Tampoco aparecen estereotipos o tópicos que banalicen la violencia contra las mujeres. Y las noticias no se centran sólo en las agresiones, sino también en las actuaciones policiales y judiciales (que muestran que no hay impunidad para el agresor), introducen declaraciones de políticos y de activistas sociales, y muestran el rechazo de la ciudadanía en forma de concentraciones o manifestaciones. Los medios también introducen noticias temáticas, con estadísticas sobre violencia de género, encuestas, programas específicos para su erradicación, etc.

Lo destacable de este proceso, y más allá de problemas concretos que pueden persistir en el tratamiento informativo de la violencia de género, es que se produce un cambio en el enfoque de las noticias, entendidas como un problema social y no sólo como algo que pertenece al ámbito privado. Los medios de comunicación hacen así una contribución importante a la lucha contra la violencia de género. Pero podrían hacer más. Y quiero referirme específicamente a la televisión, por el fuerte impacto que tiene en la opinión pública.

En el caso de la televisión, el problema no está tanto en los programas informativos, sino en algunos programas de entretenimiento emitidos por televisiones privadas, en los que la imagen de las mujeres se presenta plagada de estereotipos y prejuicios,  que valoran el cuerpo de las mujeres y no tanto sus capacidades, y alimentan la idea de desigualdad, que es el sustrato profundo por el que se reproducen y naturalizan esquemas inconscientes patriarcales. Programas como ¿Quién quiere casarse con mi hijo? (emitido por Cuatro) o Sálvame, de Telecinco, son un ejemplo. Y en algunos programas incluso se ha hecho de la violencia de género un espectáculo directamente.

Así sucedió en el programa El diario de Patricia, de Atena3. Se invitó a la expareja de Svetlana Orlova, un hombre maltratador a quien ella había denunciado, y que ante las cámaras insistió en casarse nuevamente con ella. Svetlana se negó y pocos días después Ricardo Antonio Navarro la asesinaba. La dirección del programa esgrimió que no conocía la situación de esta pareja, pero en todo caso no podía justificar el incumplimiento del "Acuerdo para el fomento de la autoregulación sobre contenidos televisivos e infancia" firmado en el año 2004 entre el gobierno español y las grandes cadenas televisivas. El acuerdo se renovó en el 2007, después de este terrible suceso, con el objetivo de poner límites a la "telebasura", al menos en horario de protección infantil. Tampoco este acuerdo fue respetado y el programa en cuestión siguió invitando a hombres con antecedentes de malos tratos para intentar una reconciliación ante las cámaras con su expareja maltratada. Según la Comisión Mixta de Seguimiento del Código de Autorregulación, El diario de Patricia fue uno de los programas que más denuncias recibió por vulnerar dicho Código. Desde agosto de 2011 se dejó de emitir. Quiero creer que como efecto de estas denuncias.

El programa que sí dejó de emitirse como fruto del rechazo social fue La Noria, de Telecinco, a raíz de la entrevista con Rosalía García, madre de el Cuco, uno de los acusados del asesinato de Marta del Castillo, a la que se retribuyó con 9000 euros. Esto fue en octubre del 2011, y el programa tuvo aquel día una importante cuota de pantalla, un 15,1%. Pero las redes sociales se movilizaron en su contra, y todos los anunciantes retiraron la publicidad. Después de ser relegado a horario nocturno, el programa fue definitivamente cancelado en abril del 2012.

En los dos casos señalados fue la ciudadanía quien influyó en el declive de los programas, y esto es esperanzador. Pero no lo es para nada que las grandes cadenas privadas, en su disputa por la audiencia, recurran al uso del cuerpo de la mujer y a la violencia como espectáculo. Como tampoco lo es la debilidad de los gobiernos ante el poder de los medios. Ni la autorregulación por sí sola ni la regulación aisladamente pueden conseguir que se avance hacia una mejor calidad en los contenidos y programas. La combinación de ambas puede ser como una lluvia fina que vaya impregnando el  quehacer cotidiano de los medios. Pero sobre todo, y esto es básico, necesitamos una sociedad exigente respecto a los contenidos de los medios y, para lo que estamos tratando, esto implica el rechazo de la violencia de género y el que las aportaciones de las mujeres tengan visibilidad. Porque, finalmente, se trata de combatir todo tipo de violencia contra la mujeres y de avanzar en la igualdad de derechos y oportunidades.

jueves, 7 de noviembre de 2013

#Análisis "Representación de las mujeres en los medios de comunicación"

Dolors Comas
Us recomanem aquest article de Dolors Comas publicat a Agenda Pública 

Un 46,4% de los médicos que ejercen su profesión en España son mujeres, pero el porcentaje se reduce a un 26,7% cuando aparecen en televisión
A partir de los datos del último informe del Consejo Audiovisual de Catalunya (CAC), Dolors Comas muestra cómo la presencia de mujeres en los medios de comunicación no sólo es menor en número respecto a la de los hombres, sino que además estaría influenciada por las concepciones de género presentes en la sociedad.
A pesar de los profundos cambios que ha habido en España en los patrones de vida y participación de las mujeres en la sociedad, la representación pública de hombres y mujeres en los medios de comunicación sigue siendo diferenciada y asimétrica.
Esto no es algo intencionado, sino fruto de unas rutinas en las que influyen concepciones de género presentes en la sociedad. Las asimetrías disminuyen cuando de forma consciente se hace un tratamiento más equilibrado de hombres y mujeres (como sucede en algunas series televisivas, por ejemplo). Y aumentan, en cambio, dramáticamente cuando se utiliza el cuerpo de las mujeres como reclamo, en la publicidad o en determinados programas de entretenimiento.
Las desigualdades entre hombres y mujeres se expresan en la política de representaciones de los medios, que tienen el poder de destacar y clasificar, poder simbólico y poder para excluir. El diagnóstico de esta desigualdad se puede resumir evaluando cuatro dimensiones:
1.- El protagonismo y el reconocimiento de autoridad. Frecuentemente las mujeres son invisibilizadas o silenciadas. No sólo tienen menor presencia que los hombres, sino que a veces no se les da voz, aunque estén. O la tienen desde posiciones de menor prestigio y poder.
2.- La igualdad en el trato con independencia del sexo. Los medios suelen destacar de las mujeres dimensiones de tipo personal vinculadas a su rol familiar, forma de vestir, aspecto físico, etc., que tienen poca importancia en el caso de los hombres.
3.- Valoración equivalente de las aportaciones de hombres y mujeres. A menudo los medios destacan el hecho de ser mujer (una candidata-mujer, una presidenta-mujer, una científica-mujer) por encima de sus méritos o consecuciones, lo cual es una desvalorización implícita.
4.- Consideración de la desventaja de partida de las mujeres para comprender las situaciones de discriminación. En lugar de ello, frecuentemente se toma a los hombres como modelos de referencia. Se tolera, defiende, critica o alaba a las mujeres que irrumpen en ámbitos que se consideran de hombres. Son “ellas” frente a un “nosotros”. Y esta dicotomía constituye el marco que expresa las relaciones de poder y las desigualdades.
El último informe del Consejo del Audiovisual de Catalunya (CAC) sobre la representación de las mujeres en la televisión proporciona datos valiosos y suficientemente amplios para mostrar de forma empírica estas dimensiones. Analiza los informativos, los debates y entrevistas, y los programas de ficción (de producción propia) emitidos durante el primer semestre del año 2012 por cuatro televisiones: TV3 (pública autonómica), TVE en Cataluña (desconexiones de la cadena estatal), 8tv (privada autonómica) y BTV (pública local de Barcelona). Esto ha implicado analizar 4.431 unidades de noticias, 2.690 intervenciones en debates o entrevistas y 357 personajes de ficción.
El análisis de estos datos muestra el contraste entre los programas de no ficción (informativos y debates) frente a los programas de ficción (películas y series para televisión). En los programas de no-ficción, se muestra un primer desequilibrio significativo. Las las mujeres aparecen menos que los hombres (un 29% en los informativos y un 30,7% en debates y entrevistas).
En los programas de ficción, en cambio, la presencia de mujeres y hombres está más equilibrada, pues los personajes femeninos aumentan a un 44,5% y, además, hay más mujeres que hombres con un papel principal, tanto en términos relativos (un 20,1% de las mujeres frente a un 13,1% de los hombres) como absolutos (32 mujeres y 26 hombres).
Esto se puede deber a que en las películas y series, la dirección de los medios puede introducir criterios para promover determinados valores. Pero aquí se acaban las diferencias entre unos programas y otros, porque cuando se trata de ver cómo estas mujeres son representadas, entonces los desequilibrios emergen.
Presencia de mujeres y hombres en la programación
Se puede pensar de forma razonable que la menor presencia de mujeres en los programas informativos refleja de hecho diferencias en participación social existentes en la sociedad. Pero no es así. Entre los médicos que ejercen su profesión en España, un 46,4% son mujeres, y el porcentaje se reduce a un 26,7% cuando aparecen en televisión.Lo mismo sucede con las profesoras universitarias: un 37,5% son mujeres, pero en televisión se reducen a un 12,7%.

Justamente la sanidad y la educación tienen una elevada presencia de mujeres, pero resulta que en televisión las mujeres aparecen más como usuarias de los servicios sanitarios que como profesionales, y más como estudiantes que como profesoras. Las mujeres se asocian así a roles de menos prestigio, o que implican pasividad, más como receptoras de servicios que como sus ejecutoras.

Un elemento que se relaciona con la importancia otorgada a la intervención de una persona es su identificación. En los programas informativos, la proporción de mujeres sin identificar (un 23,1%) es más del doble que la de los hombres sin identificar (10,5%). Se advierte también una relación entre edad y sexo: la presencia de las mujeres en la pantalla disminuye con la edad. Y las mujeres se asocian de forma más intensa que los hombres a los roles que se ejercen en la esfera privada (un 43,3% frente a un 20,7%). Los hombres, en cambio, aparecen mayoritariamente ejerciendo roles relacionados con la esfera pública.

En el ámbito político, las mujeres tienen una escasa presencia como miembros de Gobiernos (un 16,6%) en tanto que el porcentaje aumenta a un 26% cuando se trata de representantes de partidos. En el ámbito social las mujeres tienen una presencia superior a la media (un 34,5%), pero asociadas sobre todo a la esfera personal, también a la cultura y al mundo económico. Los hombres se asocian mayoritariamente a la economía y al trabajo, y también a la crónica política, reproduciendo así uno de los estereotipos más arraigados respecto a la participación social y laboral de hombres y mujeres.

El ámbito deportivo es exageradamente asimétrico. Fue objeto de un informe específico por parte del CAC en el año 2010 y mostraba la muy baja presencia del deporte femenino en TV3 (1,2%), TVE en Cataluña (1,8%), 8tv (0%) y BTV (3%). Hay que señalar que en este mismo año las mujeres tenían un 20,7% de las licencias deportivas y que entre los deportistas de alto nivel un 45% eran mujeres.

Los personajes de las series y películas de televisión presentan unas características divergentes según se trate de hombres o de mujeres que siguen los ejes de desigualdad. Las mujeres tienen menos nivel de poder, se asocian más a la esfera privada y sus actividades laborales son menos cualificadas que las de los hombres, Además, las mujeres aparecen más a menudo haciendo tareas del hogar (un 77,8% frente a un 56,3%) o cuidando a alguien (un 22,2% frente a ningún hombre).

Para concluir, los desequilibrios que aparecen en la representación de las mujeres en los programas de televisión proceden de dos factores de naturaleza muy distinta. Uno es de carácter cultural, derivado de la menor visibilidad e importancia que se otorga a actividades que realizan las mujeres. El otro factor se relaciona con factores sociales y de poder, pues los medios reflejan en buena medida lo que existe en los partidos, en la actividad institucional, en la representación profesional o en el liderazgo asociativo. Más presencia de mujeres con cargos relevantes en estos ámbitos debería traducirse también en un mayor equilibrio en la representación de hombres y mujeres en los medios de comunicación.