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domingo, 8 de febrero de 2015

NO SIN MUJERES. Carta abierta a los Hombres


Nos sumamos a esta campaña impulsada por la Asociación Clásicas y modernas 

Adjuntamos Carta abierta a los Hombres.
Cada año, el 8 de marzo, multitud de instituciones culturales y de personas relacionadas con la cultura organizan o participan en actos en favor de la igualdad de género. Cada año, durante los 364 días restantes, instituciones culturales y personas relacionadas con la cultura quedan impávidas ante la ausencia de mujeres en medios de comunicación, eventos artísticos, antologías, congresos o carteleras de cine, música, teatro…
Hombres altos, bajos, delgados, gordos, de izquierdas, de derechas, republicanos, monárquicos, independentistas, nacionalistas, heterosexuales, homosexuales, bisexuales, asexuales, transexuales, religiosos, laicos, ateos… que se supone que representan todas las identidades e ideologías posibles. A veces, incluso se buscan hombres para representar el movimiento y las posiciones feministas. Y eso no es real. El mundo es diverso y en esa diversidad están presentes las mujeres.
Así pues, nosotras, las mujeres y asociaciones firmantes de esta carta, pedimos a todos los hombres que desean hacer algo por un mundo más justo, mejor representado en su pluralidad, un gesto simbólico, a lo largo del mes de marzo de 2015: digan “No sin mujeres”. No se sienten a hablar, a debatir, a participar, a compartir conocimiento o creación sin pensadoras y creadoras. Usen el privilegio que el sistema les concede de ser llamados los primeros, cuando no los únicos, para decir “no sin mujeres”. Conozcan a las mujeres de sus áreas de conocimiento, nómbrenlas, desígnenlas o propónganlas para obtener puestos, menciones, honores. Recuerden que hay, y que ha habido siempre desde tiempos inmemoriales, pintoras, escultoras, compositoras, dramaturgas, filósofas… Recuérdenlo cuando hagan sus listas de libros, de lecturas, de películas, de canciones.
Y nosotros, los hombres firmantes de esta carta, nos comprometemos, como gesto simbólico, a lo largo del mes de marzo de 2015, a no participar en ningún debate, programa televisivo, tertulia radiofónica, congreso, jurado, festival o similar, de composición exclusivamente masculina.
Cuando las mujeres estén, estemos presentes en el imaginario colectivo, estaremos presentes en el diseño de las políticas, de los currículos, de la creación de las ciudades, de la educación, de la cooperación. Cuando las mujeres dejemos de ser representadas por hombres y escondidas por el discurso de lo masculino como universal no harán falta días por la igualdad de género.
Firmado:
Laura Freixas, presidenta, y María Martín Barranco, socia, de Clásicas y Modernas, asociación para la igualdad de género en la cultura
Marian López Fernández Cao, presidenta de Mujeres de Artes Visuales (MAV)
Virginia Yagüe, presidenta de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA)
Capitolina Díaz, presidenta de Asociación de Mujeres investigadoras y Tecnólogas (AMIT)
Piar Rius Fortea, presidenta de Mujeres en la Música

Puedes firmar la carta enviando un mail a  directora@evefem.com

martes, 23 de diciembre de 2014

"Una propuesta inclusiva"

Marina Subirats

Article de Marina Subirats, Catedrática Emérita de Sociología en la Universidad Autónoma de Barcelona, publicado en Publico.es

La lectura de la propuesta económica de Podemos, “Un programa económico para la gente” suscita diversas reflexiones de fondo. Los aspectos que trata son diversos, pero quiero comentar aquí uno de ellos que hasta ahora no he visto que destacara en ningún comentario. He aquí, por fin, una propuesta económica inclusiva, no sólo de la gente, en general, tal como apunta su título, sino —y ello es sumamente raro— de los intereses y necesidades de las mujeres. Una propuesta que realiza lo que en términos técnicos denominamos “transversalización de género”, concepto que significa que no ha sido pensada exclusivamente desde una óptica masculina a la que se ha añadido alguna medida, algún guiño dedicado a las mujeres, sino que parte ya, en toda su concepción de la economía, de las aportaciones que hacen hombres y mujeres, en sus diversas modalidades, y de los recursos y formas de organización necesarios para que tales aportaciones puedan producirse.


Algo sumamente raro, como digo. Algo por lo que las mujeres debemos felicitarnos: por fin alguien toma en serio nuestras reivindicaciones y las universaliza, es decir, las trata como un elemento indispensable al formular una propuesta económica innovadora. Por fin un programa económico menciona la importancia del cuidado y del trabajo doméstico, su carácter indispensable para la vida humana, la necesidad de que tales tareas sean compartidas en forma igualitaria entre hombres y mujeres, que sean consideradas también desde un punto de vista económico, tanto para generar empleo como para recibir apoyo. La incorporación masiva de las mujeres al trabajo profesional ha sido una fuente de riqueza que explica gran parte del crecimiento de los últimos decenios; pero el hueco que ello ha supuesto para las tareas reproductivas y de cuidado nunca ha sido seriamente considerado: era tarea de las mujeres, de su esfera privada, no tenida en cuenta en el mundo público. Ello nos ha llevado a la doble jornada, a la doble responsabilidad, al excesivo cansancio. Es hora de aflorarlo y hacer visible aquella máxima sabia: “Lo personal es político”.

Reivindicaciones, pues, que no son exclusivas de las mujeres, pero que surgen de nuestra experiencia y reflexión: el mejor aprovechamiento del talento femenino, la urgencia de la creación de servicios, como por ejemplo una red de guarderías con carácter universal, la existencia de permisos parentales igualitarios, el rechazo de los contratos temporales sólo para mujeres, el reparto del trabajo remunerado de modo que hombres y mujeres tengan sólo una carga de 35 horas semanales, para poder así compartir el cuidado familiar, etc. Cuestiones no resueltas que nos han conducido a la dificultad creciente para ser madres: el 1,2 criaturas por mujer en edad fértil al que ha llegado la sociedad española muestra a las claras que, o encontramos soluciones colectivas, o vamos directamente camino de la extinción y de la dependencia de la inmigración.

La algarabía que se ha producido a partir de la presentación de este documento está impidiendo un indispensable debate en profundidad de las medidas propuestas. De lo que se trata, aparentemente, es de que a nadie se le ocurra reflexionar seriamente sobre ellas, sino que su total descalificación impida su consideración. No fuera caso que las encontráramos razonables y aumentara aún más rápidamente una intención de voto que crece como la espuma.

Y, sin embargo, la situación de España es suficientemente grave como para que se produzca este debate sobre por dónde deben discurrir los derroteros económicos en los próximos años. Guste o no a los grandes partidos que han ido alternándose en el poder en la etapa democrática, estamos ante un cambio de actores y de reglas de juego: no sólo la globalización, sino también los avances en la información y la creación de redes sociales impulsan estos cambios, y es ya evidente que quien quiera frenarlos quedará atrás, en un plazo de tiempo impredecible, pero probablemente no muy largo. Aunque, evidentemente, las resistencias al cambio serán también no sólo las habituales, sino especialmente duras, dado lo mucho que van a perder los grupos sociales que en los últimos tiempos han conseguido dominar la escena mundial. Y teniendo en cuenta también la potencia de los medios de los que disponen para tratar de conservar sus privilegios. Así que, en lugar de lanzarnos a descalificar las propuestas innovadoras y a quienes las formulan, mejor sería que nos pusiéramos a trabajar para ver su conveniencia y viabilidad.

La propuesta de Podemos no me parece en absoluto un documento revolucionario. Apunta, ciertamente, a cambios en profundidad, sobre todo a cambios de criterio respecto a lo que debieran ser las prioridades de la actividad económica, y en este sentido marca una ruptura con los programas al uso. Pero partiendo de bases que teóricamente tan sólo un insensato puede negar hoy: la necesidad de reducir las desigualdades, de preservar la naturaleza, de poner la economía al servicio de las personas, no de las ganancias. ¿Quién puede negar que estos son precisamente los objetivos adecuados para la actividad económica e incluso para las políticas que la regulen?

Dos formas de ataque se han suscitado inmediatamente: el ataque personal a los líderes de Podemos y a los economistas que han formulado las propuestas, por una parte. Típicos ataques “ad hominem” cuando flaquean las razones. Y otro tipo de ataques, aparentemente más técnicos, consistentes en decir: ¿de dónde saldrá el dinero para realizar este programa? Y en argumentar que tales medidas económicas suponen un peligro para la inversión de capitales en el país, y por lo tanto no puede sino abocar al desastre. 

Dejando de lado el primer tipo de ataques, indignos pero poco inteligentes, que en general contribuyen a desacreditar a quienes los formulan, veamos que ocurre con el segundo tipo. Derivan de la lógica en la que la ganancia capitalista ocupa el lugar de la religión en sociedades del pasado: algo trascendente, intocable, eterno, más allá del bien y del mal, una ley natural que no admite discusión. La misma que ha sido invocada durante todos estos años de crisis para recortar los salarios sin piedad, reducir plazas en el sector público y destruir pequeñas y medianas empresas. Todo para respetar una ley del capital que, en caso de ser conculcada, no permitiría crear empleo. Con el catastrófico resultado de todos conocido.

Si algo tienen de revolucionario estas propuestas es que operan desde el sentido común, desde un territorio liberado de la contaminación mental que ha producido el neo-liberalismo, que nos ha llevado a razonar sólo en función de unos parámetros repetidos machaconamente hasta la saciedad, hasta anular la capacidad de raciocinio. Porque, dicho llanamente, ¿podemos admitir realmente que se hizo el hombre para la economía, o más bien la economía para el hombre? ¿Cómo hemos podido llegar a admitir que, superadas las etapas escatológicas, el capital y su acumulación hayan venido a ocupar el puesto mismo de los dioses en la escala de las finalidades humanas?

Pues bien, parece claro que la economía se hizo para el hombre, y no a la inversa. Y quizás incluso para la mujer. Hay que felicitar a los autores que hablan de la gente, y hacen un programa económico no sólo para “la gente”, y también para las mujeres. 

Hay que felicitar a Podemos por haberlo impulsado y por tratar de llevarlo a la realidad. Y hay que pedir a las mujeres que se informen sobre estas propuestas, las discutan y mejoren, porque, efectivamente, otra sociedad comienza a ser posible si nos ponemos a ello. Al tiempo que hay que advertir que esta vez las mujeres no vamos a aceptar que todo quede en palabras, sino que exigiremos medidas concretas reales, más allá de las leyes y los discursos con los que algo hemos avanzado, pero no lo suficiente para llegar a la forma de convivencia que necesitamos. 

viernes, 4 de julio de 2014

domingo, 29 de junio de 2014

De diálogos y pactos feministas ...

Carmen Castro
Compartimos este artículo escrito por Carmen Castro, economista feminista creadora de SinGenerodeDudas 

Llevo tiempo dándole vueltas y cada vez tengo más clara la necesidad que tenemos de articular diálogos y pactos feministas; es algo que pensamos muchas feministas con trayectorias diversas, y no se trata de ninguna innovación ni excentricidad, sino la constatación de un hecho cada vez más evidente. Sin embargo, salvo algunas avanzadillas y propuestas concretas, los procesos se eternizan y no acaban de cuajar -algunos incluso se quedan en meras intenciones-.

Así es que me pregunto insistentemente ¿qué pasa, por qué la articulación de pactos feministas no avanza más rápido?

Creo que nos tienen entretenidas. La ofensiva patriarcal contra las mujeres es tan virulenta que están consiguiendo que gran parte de la energía y atención del movimiento feminista esté puesta casi exclusivamente en defender lo más básico: el derecho a nuestra integridad física, psíquica y el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos y sexualidad; en definitiva a defender la base para una vida libre de violencia: la consideración mínima de ser personas. Y mientras nosotras mismas nos vamos agotando, no hay tiempo casi para percatarse de cómo nos va a afectar el nuevo orden económico que está emergiendo de las políticas criminales [neoliberales y patriarcales], porque cada nuevo paso, cada nueva perla anunciada por el gobierno nos acerca más a la no ciudadanía, a la pobreza, a la carencia de servicios públicos y significa una vuelta de tuerca más a la opresión de género multidimensional. 

Aunque el diagnóstico lo tenemos claro, no siempre conseguimos aunar esfuerzos en la acción política colectiva. Así que hay que seguir insistiendo en que es más lo que nos une que lo que nos separa, y que nos iría mucho mejor si conseguimos articular acciones coordinadas y descentralizadas en vez de estar dispersas y suspicaces ante posibles propuestas de feminismo en red. Como dice Marcela Lagarde el feminismo es profundamente insistencialista, universalista y posibilitador de sinergias emancipadoras; desde ese lugar  de interpretación es desde donde escribo y actúo como feminista.

En estos últimos meses he participado en varias jornadas feministas convocadas con el objeto de elaborar un pacto feminista de mínimos de consenso para la agenda feminista compartida. Valoro y agradezco este tipo de acciones, porque dan cuenta de la necesidad emergente y del interés creciente que tenemos en trabajar por los pactos feministas y en conseguir unidad de acción compartiendo una agenda feminista común; y también me provocan algo de desazón al comprobar, en retrospectiva, lo que cuesta integrar propuestas ya existentes sobre las que seguir avanzando, en vez de pretender empezar de cero cada vez.


En el feminismo nunca se empieza de cero; al reconocernos como iguales y otorgarnos mutuamente la autoridad, recogemos también el testigo de quienes nos han precedido, incluso siendo contemporáneas nuestras. El reto no está en competir por el poder o la representación pública, sino en construir relaciones sinérgicas. Que quienes compartamos una visión e interpretación feminista de la vida, sumemos visiones y acciones que nos permitan superar lo fragmentario, lo excluyente, lo binario patriarcal; y que, desde la empatía y el sabernos pioneras, seamos capaces de articular procesos de diálogos y reencuentros de nuestras diversidades, capacidades, conocimientos, experiencias, voluntades, deseos y decisiones de acción conjunta.

En este sentido, hay ya algunas propuestas en el estado español que me gustan especialmente, porque creo que son piezas claves para construir ese encuentro dialógico entre feministas:

·         La iniciativa global de Pacto Feminista por las mujeres, elaborado desde la Plataforma Feminista del Ateneo de Madrid.
·         La iniciativa ‘Diálogos Feministas entre comunidades‘ en la que han participado 50 asociaciones de mujeres de 8 comunidades autónomas (Galicia, Asturias, Navarra, Euskadi, Cataluña, Valencia, Madrid y Andalucía) y que han consensuado un plan de acción común para una mayor incidencia política, articulado desde la Federación Feminista Gloria Arenas a través del proyecto Ruta Violeta.
·          
Además ha habido otras muchas iniciativas con valor sumativo para ir generando sinergias entre mujeres, como la iniciativa de la Plataforma Feminista de Alicante de articular un pacto entre mujeres por los derechos sexuales y reproductivos y la interrupción voluntaria del embarazo que, si bien no consiguió su cometido de conseguir que las parlamentarias suscribieran un “pacto entre mujeres que garantice los derechos sexuales y reproductivos y la interrupción voluntaria del embarazo, haciendo valer su condición de Parlamentarias, ejerciendo como nuestras legítimas representantes y oponiéndose a cualquier reforma de la actual ley que signifique un retroceso en los derechos adquiridos por las mujeres”, puso en evidencia la #alertafeminista en la que estamos en el estado español y la dificultad de impulsar alianzas entre mujeres cooptadas por las estructuras jerarquizadas de sus partidos políticos y el orden social de género que se impone desde los mismos.

También desde el Foro Feministes de Catalunya se impulsó la iniciativa de realizar un acuerdo de mínimos con movimientos feministas de Catalunya, hombres y mujeres de realidades ideológicas distintas, con el objetivo de que se incluyan en los programas políticos de todos los partidos representados en el Parlamento catalán, 9 exigencias básicas para mejorar la situación de las mujeres como consecuencia de la crisis económica y los recortes sociales. Esta iniciativa se impulsó en el marco de la celebración del 8 de marzo de 2014, en la que se presentó un manifiesto "exigencias básicas mínimas para incluir en los programas electorales" de los partidos políticos, en torno al cual, se consiguió el apoyo de más de 250 firmas de personalidades muy diversas, hombres y mujeres, de la sociedad catalana.

Y así estamos, innovando, insistiendo y pactando por otro modelo de sociedad en el que la equivalencia humana sea uno de los valores que fundamente nuestra convivencia. Y claro está, seguiremos insistiendo,  y en el camino también iremos sumando diálogos y acciones; ¿te apuntas? 



lunes, 23 de junio de 2014

¿Debería el gobierno proponer una mujer para el puesto de Comisaria europea?

Las comisarias 2009-2014


Compartimos este interesante análisis de Didac G. Peris publicado en Agenda Pública 

Una Comisión comprometida con la igualdad pasa por aumentar las 9 comisarias que hay actualmente.

Las elecciones del pasado 25 de mayo han cerrado una etapa y han abierto otra, en la que se decide no solo la renovación de los 751 nuevos eurodiputados, sino la de una gran parte de los cargos políticos a nivel europeo. El presidente del Consejo Europeo, el presidente del Eurogrupo, el equipo de la Alta Representante… todos ellos cambiarán de jefe. La pregunta sobre la igualdad de género ya marcó el proceso de elección de Catherine Ashton. Apostar por una igualdad normalizada desde el primer momento es una de las cuestiones que los estados pueden prever y comprometerse desde el día uno, no solo por un tema de derechos inalienables, sino también por su propio interés político.
A pesar de que el Parlamento Europeo ha multiplicado por dos el porcentaje de eurodiputadas entre 1979 y 2009, los resultados de las elecciones del 25 mayo tienen varias lecturas. Del total de la Eurocámara la presencia de mujeres sube solo un 1,25%. En total, un 36,75%, lejos del 2% de margen que algunas leyes ( como la francesa) considera debería ser lo habitual para respetar y garantizar la paridad en el ámbito político. A ese ritmo se alcanzaría dicho equilibrio en la legislatura de 2098.
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El principio de la igualdad de género, que defienden en teoría todos los partidos (como por ejemplo puso de manifiesto la campaña de una de las asociaciones punteras en España sobre la cuestión,FemTalent), queda siempre mermado en la práctica. El quotaproject (quotaproject.org), del instituto internacional IDEA, ha compilado las leyes electorales que existen en Europa. En Francia, apuestan por listas paritarias aunque no incluyen ninguna propuesta respecto al posicionamiento en las listas (las famosas listas cremallera). Muchas mujeres que podrían ocupar escaños en laAssemblée Nationale quedan desplazadas al final de las listas. En Alemania no hay ninguna disposición legal, pero los propios partidos se han autoimpuesto cuotas, un tercio en el caso de la CDU de Merkel, un 40% en el SPD, o un férreo 50% en el caso de los Verdes. En España la ley electoral pide a los partidos que creen sus listas con el objetivo de que al menos 40% de los puestos elegidos sean mujeres. Algo que los resultados al Parlamento Europeo en 2014 validan. El ratio 40/60 tiene que ser respetado no solo en el cómputo general de las listas, sino también de forma progresiva, cada cinco puestos.  
Sin embargo, con la vista puesta en la próxima Comisión, la igualdad no se presenta solo como una cuestión de derechos y principios. También es una cuestión eminentemente política. Según los primeros trabajos prospectivos solo 5 países de 28 están pensando en nominar a una mujer para el puesto que cada Estado ocupa en la Comisión. En una potencial situación desequilibrada como ésta los gobiernos de Bulgaria, Dinamarca, Hungría, Holanda y Rumanía, por el hecho de proponer a una mujer, salen con una ventaja comparativa decisiva para ocupar la cartera de su preferencia. No sería descabellado pensar que el próximo Presidente de la Comisión (el que adjudica de forma oficial las carteras) preferirá optar por aquellos países que le faciliten la tarea a la hora de formar un equipo lo más paritario posible. Si para ello tiene que utilizar el reparto de las carteras como un incentivo, es de suponer que así lo hará.
¿Acaso no hay ninguna francesa, española, italiana, alemana, o polaca (por citar las principales potencias europeas) que pueda ocupar el puesto de comisaria? 
Una Comisión comprometida con la igualdad pasa por aumentar las 9 comisarias que hay actualmente hasta por ejemplo 14 (por utilizar el 40% que dice la ley española). Sin estados que propongan a mujeres, las matemáticas no salen, y el futuro presidente de la Comisión deberá escoger entre aceptar una Comisión con más del 80% de hombres, o ‘forzar’ a muchos estados a buscar una alternativa. Una igualdad por ‘defecto’ en vez de una igualdad normalizada y sincera. El peor camino, el menos eficiente, y el más alejado del principio de la meritocracia en igualdad de condiciones. 
Además, l@s Comisari@s deberán ser auditad@s, un@ por un@, y ratificad@s colegialmente por el Parlamento Europeo a partir del mes de septiembre y octubre. Se hace particularmente difícil pensar que la cámara que llega abogando por la igualdad de género con cierta vehemencia en los últimos años acepte cualquier retroceso en la composición actual (ya desequilibrada) de la Comisión. Que los gobiernos ignoren esa realidad política a la hora de formalizar sus candidatos a Comisario es ignorar cualquier prospectiva política.  
La igualdad ha sido también garantía de éxito en el colegio actual. Las comisarias que dejarán su puesto han hecho un trabajo brillante, se han convertido en el estandarte visible del ejecutivo: Viviane Reding y sus debates ciudadanos, Neelie Kroes y su agenda digital o Andrea Vassiliou y su Erasmus Plus.

lunes, 17 de marzo de 2014

"Erradicación de las causas profundas de la violencia de género" Consuelo Barea

Consuelo Barea

Artículo de Consuelo Barea, publicado en Catalunya Plural

Lidia Falcón ha presentado su último libro “Los Nuevos Machismos” [1] que recomiendo encarecidamente por su lucidez y valentía para exponer lo acaecido al feminismo y a las mujeres en los últimos años. Uno de los puntos que desarrolla, clave para entender las verdaderas causas de la pervivencia de la violencia de género, es el hecho de que la estructura económica de la sociedad está basada en el modo de producción doméstico:
Sin que las mujeres reproduzcan hijos, los amamanten y limpien, alimenten, y cuiden a sus familiares, es imposible que el país se mantenga. Y con eso cuenta el capitalismo, que recibe la fuerza de trabajo en mejores condiciones y más barata, gracias al trabajo gratuito de las mujeres, que se convierten así en la clase económica y social más explotado.
Es urgente que los estados asuman la tarea de la socialización del trabajo doméstico, y esa socialización no es precisamente poner parches al problema con falsas soluciones como aumentar a cuatro meses los permisos de paternidad. Falcón explica la falacia de:
…que las empresas tendrían la misma motivación para contratar mujeres que hombres, dado que el inconveniente alegado por el empresario para no desea emplear mujeres, es el de que éstas abandonan el trabajo durante cuatro meses al dar a luz. Nadie en su sano juicio piensa que con cuatro meses se ha criado un hijo o una hija, y todo el mundo sabe que después de ese plazo quien va a llevarlo a la guardería, a la escuela, al pediatra, al dentista, al gimnasio, al hospital… será la madre, en los 15 años siguientes.
Pedir ese permiso de cuatro meses para el padre es privatizar la responsabilidad de proteger la maternidad y el trabajo de las mujeres:  
Socializar significa crear las instituciones públicas que tengan la responsabilidad de ocuparse de determinadas tareas imprescindibles para el mantenimiento de una sociedad moderna. Que los hombres se ocupen de tareas domésticas en el interior de sus casas no tienen nada que ver con la socialización del trabajo doméstico, como tampoco que las abuelas se ocupen de los nietos... El cumplimiento de estas tareas por parte de madres, padres, abuelos….en el hogar familiar, sigue perteneciendo al ámbito de lo privado, que es precisamente lo antitético de lo socializado.
No se trata de que cada familia administre su tiempo como pueda para cuidar a su niño o a su niño, se trata de que haya servicios colectivos atendidos por personal especializado y preparado para ello, hombres y mujeres que según los principios democráticos y laicos de nuestro ordenamiento legal, se ocupen de la socialización del niño desde el nacimiento hasta el final de su inscripción. De la misma forma que desde finales del siglo XIX se están reclamando que sean públicos muchos de los servicios que presta la familia: lavanderías, comedores populares, pediátricos, etcétera. Eso es la socialización del trabajo doméstico y no pagarles a los padres permisos de cuatro meses después del nacimiento del bebé. La socialización del individuo es tarea colectiva en instituciones colectivas, y lo demás es apoyar la ideología liberal de lo privado.
Al igual que Falcón, otra renombrada jurista americana, Martha Fineman, conocida internacionalmente por sus investigaciones Feminism and Legal Theory Project, aboga por un estado y un mercado más responsables de los dependientes y sus cuidadores. Introduce el concepto de vulnerabilidad universal. Explica cómo los teóricos liberales nos presentan como prototipo humano a alguien autosuficiente, ambicioso y competitivo, pero somos seres vulnerables y dependientes la mayor parte de nuestra existencia: de niños, de ancianos, cuando enfermamos, cuando somos pobres, cuando estamos sometidos a la violencia, a la soledad, al duelo, al abuso de poder… El liberalismo deja la solidaridad para el ámbito privado (familias y asociaciones cívicas y religiosas). No se contemplan los casos en que la solidaridad no existe o no es suficiente, ni el sacrificio sin compensación económica, lastre que los privilegiados no estarían dispuestos a asumir.
Existen unas dependencias inevitables por disminución de autonomía o de oportunidades (infancia, vejez, enfermedad, crisis económica, catástrofe…), o por discriminación o violencia (prejuícíos socíales, racíales, sexístas, relígiosos…). Y también existe una dependencia derivada de la tarea de cuidado, que recae casi siempre en las mujeres, actividad fundamental para el progreso de la sociedad. Las personas que cuidan a dependientes son a su vez dependientes de los recursos que permiten dispensar con éxito esa atención. Esta dependencia generalmente no la experimentan los hombres, evitan asumir la responsabilidad por el cuidado de niños, ancianos o enfermos. En ello influyen las normas patriarcales no escritas por las que el rol de cuidador (dependiente derivado), lo definen y asignan las estructuras culturales, ideológicas y jurídicas a aquellos que se supone deben asumir el trabajo de cuidar a los que no pueden cuidar de sí mismos. Ambas dependencias son relegadas a la familia y, por lo general dentro de la familia, a las mujeres en sus roles de madres, esposas, hijas, etc.
El estado necesita que las cargas y las responsabilidades asociadas con la dependencia sean asumidas por una familia auto-suficiente de estructura patriarcal, que cuide de sus personas dependientes, con un reparto ideal de las tareas al 50% en la pareja, y trabajando ambos (pero los hombres no hacen su 50%, hay divorcios , nacimientos fuera del matrimonio, los trabajos no están diseñados para dar cabida a la maternidad, las mujeres ganan menos y tienen menos oportunidades…).
La dependencia inevitable es ignorada de una forma o de otra por el Estado, se entiende como algo episódico, o como un cambio gradual en el curso de la vida de un individuo. En cuanto a la dependencia derivada, es convenientemente desestimada por el igualitarismo liberal por considerarse consecuencia de una elección individual y responsabilidad de la propia persona. Los que toman el papel cuidador han optado por hacerlo y no deben quejarse de su situación o esperar que otros subvencionen sus opciones. Esta reacción refleja la tradicional división entre lo público y privado, que ha permitido a muchos estudiosos importantes eludir cuestiones difíciles y potencialmente perjudiciales para su teoría. Por lo tanto mediante la familia, la dependencia se vuelve invisible, puede ser cómodamente privatizada y se asume erróneamente que es gestionada adecuadamente por la inmensa mayoría de la gente. [2]
Tanto el estado como el mercado laboral cosechan los beneficios que produce el trabajo de cuidado a dependientes (y no dependientes), en las formas de reproducción y regeneración de la sociedad. Los beneficios económicos de una institución o empresa son posibles gracias a una combinación de contribuciones: la familia y el trabajo de cuidadores, la productividad del trabajo y la inversión de capital.Hay responsabilidades derivadas de la obtención de beneficios como una distribución más equitativa de la responsabilidad de la dependencia, valorando el trabajo de los cuidadores y considerándolos como socios en la productividad y generadores de riqueza.
Las contribuciones de los trabajadores y cuidadores no sólo han sido seriamente infravaloradas, sino que también acumulan penalizaciones en un sistema que privilegia las contribuciones económicas por encima de las físicas, materiales, emocionales e intelectuales, un sistema queignora los costos añadidos al trabajo, así como los beneficios producidos por el trabajo no empresarial, tanto para las instituciones del Estado y como para las del mercado. [3]   
Debería aplicarse la justicia como solidaridad a la estructura básica de la sociedad. El discurso igualitario debe estar anclado en una auténtica comprensión de la condición humana, en la que todos somos vulnerables y dependientes, no en falsas suposiciones como que las capacidades son equivalentes y constantes entre los individuos. El Estado tiene la obligación de no privilegiar a ningún grupo de ciudadanos sobre los demás, de acometer una acción afirmativa que estructure las condiciones de igualdad, y no sólo evite la discriminación:
…Debe desmontar las relaciones institucionales que privilegian indebidamente las circunstancias de algunos trabajadores mientras toleran las desventajas estructurales con los que otros lidian a diario. Mi conclusión final es que los intentos de reforma hacia la igualdad de género en el ámbito familiar, fallarán sin las correspondientes adaptaciones, incluidos los ajustes estructurales complementarios, del estado y de las instituciones del mercado. [4]
Es imposible una igualdad de género en el ámbito familiar sin una socialización del trabajo doméstico y el cuidado a dependientes. La violencia de género es una violencia instrumental, que mantiene a la mujer asumiendo un trabajo que corresponde al estado y al mercado, beneficiarios ambos de la donación de la vida de las mujeres. Donación no tan libre como la ideología liberal nos quiere hacer ver.
Acabo observando la coincidencia fundamental entre las tesis de estas dos grandes pensadoras. Dice Falcón:
Ninguna de las medidas cautelares y educativas que tanto los profesores progresistas como la ley de violencia intentan implantar, erradica el problema. Éstas medidas están basadas en la penalización del delito y la prevención mediante la educación, lo que supone confiar en el cambio de actitudes y hábitos mediante la transformación de los individuos. Es decir, sin tomar en consideración las causas materiales de la violencia.

Es lógico que los estados, y todos son patriarcales, se nieguen a reconocer la explotación económica de las mujeres como causa fundamental de la violencia machista. Así como el burgués debe negar la existencia de la lucha de clases, el hombre debe negar el rendimiento económico que el trabajo gratuito de la mujer le proporciona. Las medidas, por tanto, que ese mismo estado debería aplicar para acabar con la explotación femenina constituye una transformación rotunda del mismo.
Mientras el modo de producción doméstico subsista como fundamento del capitalismo, el trabajo doméstico realizado en el seno de la familia sea imprescindible para el mantenimiento de la sociedad, las mujeres permanecerán adscritas al mismo, trabajen o no, además asalariadamente y destinadas, por su especialidad reproductora, no sólo a la fabricación de niños, sino también a su manutención y cuidado durante los años de juventud de su vida, de modo que les será imposible invertir en su propia formación profesional su mayor capacidad física y mental. Ello seguirá, inevitablemente, apartándolas del mercado de trabajo y de los puestos de poder tanto en la economía como en la política.
Y mientras la estructura familiar se mantenga en las mismas condiciones, como unidad económica en la cual la mujer es el sujeto trabajador, cuya actividad en el trabajo doméstico y en la reproducción proporciona un enorme beneficio social, sin que sea retribuido y ni siquiera reconocido, no debemos contar con que la violencia machista se erradique de nuestras sociedades.
El cambio que requiere nuestra sociedad es mucho más profundo que una ley, una asignatura o un permiso de paternidad. La socialización del trabajo doméstico y a dependientes, esa es la necesaria revolución feminista.
Post publicat a Dones en xarxa

"¡Las bofetadas se las dan a las mujeres...no al género!" Lidia Falcón,

Compartimos la entrevista que realizaron a Lidia Falcón en La Contra de La Vanguardia el pasado 11 de marzo. Esperamos que sea de vuestro interés.



jueves, 9 de enero de 2014

Mujeres precursoras: #SimonedeBeauvoir

Des de Feministes de Catalunya compartim aquest fantàstic post de Carmen Castro de SingenerodeDudas 
Google nos sorprende hoy con un recordatorio muy especial, el doodle dedicado a una de las mujeres precursoras de mayor influencia en el feminismo contemporáneo: Simone de Beauvoir. Hoy hace exactamente 106 años del nacimiento de esta filósofa existencialista y madre del ‘feminismo segunda ola’.
Con motivo de este aniversario, recupero la entrada en el glosario de Mujeres de Precursoras de Simone de Beauvoir.
“El Feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”
“No se nace mujer, llega una a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; la civilización es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica como femenino”
“El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres”
“¿Qué es un adulto? Un niño inflado por la edad” (Simone de Beauvoir)
Nació en París, en 1908, en una familia burguesa, siendo educada bajo una fuerte moral cristiana, pero en su juventud rompió con la fe religiosa y las tradiciones de su infancia.
242.jpgEn 1929, después de conocer a Jean Paul Sartre en la Sorbona, donde ambos estudiaban filosofía, se unió estrechamente al filósofo y su círculo, creando entre ellos una relación que les permitió compatibilizar su libertad individual con su vida en conjunto. Fue profesora de filosofía hasta 1943 en escuelas de diferentes lugares de Francia hasta que la ocupación alemana en París, a causa de la II Guerra Mundial, la alejó de la enseñanza.
Durante ese periodo vivió en la ciudad tomada, formando parte del movimiento de la Resistencia Francesa.
Su vida en común con Jean Paul Sartre ha influido decisivamente en su obra, adscrita a la corriente existencialista francesa.
En su primera novela, La invitada (publicada en 1943), exploró los dilemas existencialistas de la libertad, la acción y la responsabilidad individual, temas que aborda igualmente en novelas posteriores como La sangre de los otros (1944) y Los mandarines (1954) , novela por la que recibió el Premio Goncourt; la cual se considera la más importante de todas sus obras.
Las tesis existencialistas, según las cuales cada quien es responsable de sí mism@, impregnan también sus obras autobiográficas, entre las que destacan Memorias de una joven de buena familia (también conocida como Memorias de una joven formal) (1958) y Final de cuentas (1972).
Pero que duda cabe, que de entre sus obras, se encuentran las que se consideran elementos fundacionales del feminismo; muy especialmente El segundo sexo.
“Efectivamente, en nuestros días el hombre representa el positivo y el neutro, es decir, el macho y el ser humano, mientras que la mujer es sólo el negativo, la hembra. Cada vez que la mujer se conduce como un ser humano, se dice que se identifica con el varón. Sus actividades deportivas, políticas, intelectuales, el deseo que siente por otras mujeres, se interpreta como una “protesta viril”; no se quieren tener en cuenta los valores hacia los que ella se trasciende, lo que lleva evidentemente a considerar que ha elegido la opción inauténtica de una actitud subjetiva. El gran malentendido sobre el que descansa este sistema de interpretación es que se admite que es natural para el ser humano hembra convertirse en una mujerfemenina: no basta con ser heterosexual, ni siquiera ser madre, para realizar esta idea. La idea “mujer, mujer” es un producto artificial que fabrica la civilización como antes se fabricaban castrados; sus supuestos “instintos” de coquetería, de docilidad se insuflan como al hombre el orgullo fálico; él no siempre acepta su vocación viril; ella tiene buenas razones para aceptar menos dócilmente todavía la que se le ha asignado”. (S. DE BEAUVOIR: El segundo sexo)
BIBLIOGRAFÍA
Entre sus ensayos escritos hay que destacar:
  • El segundo sexo publicado en 1949, se trata de un profundo análisis sobre el papel de las mujeres en la sociedad occidental y se considera el ensayo feminista más importante del siglo XX.
  • La vejez, publicado en 1970, sobre el proceso de envejecimiento donde critica apasionadamente la actitud de la sociedad hacia los ancianos,
  • La ceremonia del adiós, publicado en 1981, donde evoca la figura de su compañero de tantos años, Jean Paul Sartre.
Otra Bibliografía destacada
  • La mujer rota (2001)
  • Cartas a Sartre (1996)
  • Obras completas (1978)
  • La opresión de las mujeres (1977)
ENLACES DE INTERÉS

jueves, 19 de diciembre de 2013

La trampa del neoliberalismo

Consuelo Barea
Recomendamos este artículo de Consuelo Barea, psicoterapeuta y experta en violencia de género, publicado en CatalunyaPlural.cat  
El igualitarismo neoliberal defiende que nadie merece privilegios. Se opone por ejemplo a un trato legal preferente como el dado en las llamadas acciones afirmativas en empleo y educación, sueldos comparables, y ventajas para las mujeres en la custodia y la violencia doméstica.
La ley no debería tratar de forma diferente a la mujer y al hombre. Hay que respetar las diferenciasentre el esposo y la esposa derivadas de sus diferentes aspiraciones. Si  una mujer tiene una fuerte preferencia por hacer la colada y cuidar de los niños, más que por hacer un trabajo remunerado, y si su marido prefiere éste trabajo en lugar de hacer las tareas domésticas, la carga extra de trabajo doméstico y cuidado de niños que tienen las mujeres, es debida a su propia elección y es una desigualdad justa, de la que las mujeres son responsables.  (Richard Arneson, “Feminism and Family Justice,” Public Affairs Quarterly 11 (1997): 313-330)
 La jurista Martha Fineman describe como las primeras reformadoras feministas cayeron en la trampa del igualitarismo liberal formal. La neutralidad respecto al género era un objetivo feminista que en principio coincidió con las nociones liberales de igualdad.
El concepto de igualdad se asocia tradicionalmente con el surgimiento de la filosofía del individualismo liberal. También se cita a menudo como el principio animador clave del feminismo moderno... Fue la defensa de la idea de que todos los seres humanos son, por naturaleza, libres, iguales, y dotados con los mismos derechos inalienables, lo que llevó primero a las mujeres a desafiar su situación de inferioridad legal.(Martha Fineman, Equality: still illusive after all these years. Social Citizenship and Gender, Cambridge University Press 2009).
Aceptaron así las feministas como real la visión idealista de la familia en que las mujeres eligen libremente la tarea de cuidar, y en caso contrario los hombres comparten al 50% dicha tarea:
Las reformadoras feministas estadounidenses argumentaron que la absoluta igualdad de trato y la neutralidad respecto al género era la única base adecuada para las reformas, tanto dentro como fuera de la familia… La idea era hacer que los cónyuges compartieran todas las responsabilidades y los beneficios de la institución del matrimonio, con un punto de vista androcéntrico y roles intercambiables. (Martha Fineman. Women, marriage and motherhood in the united states: allocating responsibility in a changing world, 2011)
Sin embargo la fantasía igualitaria pronto empezó a resquebrajarse. El reparto equitativo era difícil de lograr:
Los hombres no suelen ser cuidadores primarios, ni co-cuidadores al 50%, de los hijos, ni de dependientes, ni del hogar. Los matrimonios pueden fracasar, los niveles de divorcio son altos. Siempre habrá nacimientos fuera del matrimonio. Los trabajos no están diseñados para dar cabida a la maternidad. El cuidado a menudo se traduce en sueldos más bajos y menos oportunidades de formación y progreso profesional.(Martha Fineman. Women, Marriage And Motherhood In The United States: Allocating Responsibility In A Changing World, 2011)
El modelo igualitarista de familia confunde lo que tendría que ser con lo que es, habla de los nuevos padres, igualitarios y corresponsables, sin atender a las tozudas estadísticas: solo un 7% de los padres (♂) se encarga de los niños en condiciones de igualdad completa con la mujer (Pau y Marga Marí-Klose, Elizabeth Vaquera y Solveig Argeseanu. Infancia y futuro.Fundación la Caixa, 2010). Esta confusión lleva a una legislación uniformadora que valora más las afinidades que las diferencias. El lenguaje neutral al género enmascara los privilegios masculinos e invisibiliza la discriminación, considerando que ésta es una excepción detectable y corregible, dentro de un sistema justo y equitativo, caracterizado por la libertad individual y la autonomía.
Dicen los igualitaristas:
Las situaciones diferentes del hombre y de la mujer pueden ser explicadas, no por la violencia contra la mujer ni la discriminación sexista, sino por sus preferencias diferentes.(Epstein 2002, 33; Stolba and Furchtgott-Roth 1999, xii)
Pero la pretendida libertad de elección puede ser aparente. Las mujeres pueden tomar decisiones limitadoras y perjudiciales para ellas diciendo que lo hacen libremente. El concepto de libertad de elección no refleja adecuadamente la estructura patriarcal de la sociedad y su influencia en las elecciones de la mujer.
La esposa, el progenitor estadísticamente más propenso a estar en desventaja en el mercado, es más probable que también sea el progenitor que debe ajustar sus actividades profesionales para dar cabida a la crianza del niño. Este ajuste se traducirá en costos potencialmente incalculables para su desarrollo profesional y personal. (Martha L. Fineman. Research study granted for the Graduate School Research Committee of the University of Wisconsin, 1981. A study of rhetoric and results in the regulation of the consequences of divorce)
En el caso de la prostitución, por ejemplo, no podemos colocar en primer plano la libertad de elección, lema del neoliberalismo, blandiendo el estandarte del “consentimiento individual”, sin tener en cuenta las condiciones que han llevado a ese consentimiento, su auténtica validez, y las consecuencias de esa  elección. Retrocederíamos al argumento del “esclavo por convicción” absolutamente rechazado en todas las legislaciones, anteponiendo la opción individual al bien común y la protección del débil.  La prostitución no es un trabajo  sino una forma de ganarse la vida inevitable para muchas mujeres.
 Siempre he simpatizado con el socialismo y me entristecen profundamente los rasgos neoliberales en su política.  Por ejemplo en lo que respecta a la prostitución, Cataluña se ha convertido según muchos en el burdel de Europa con su política permisiva en este tema. Como dice la magistrada del TSJC Matilde Aragó Gassiot en la presentación de la plataforma 'Dret a no ser Prostituïdes' , Cataluña ha adoptado una estrategia de fomento de la prostitución:
  • L’any 2010, es dicta el Decret 112/2010, de 31 d'agost, pel qual s'aprova el Reglament d'espectacles públics i activitats recreatives, fet pel Sr. Saura i President Montilla, i aquella normativa (del 2002) va ser modificada, art. 41, amb una regulació encara més permissiva - incorporant un element d’espai propi per les dones, com a tot element - sense fer cap referència, ni cap debat social previ, sobre la conveniència de regular o no els prostíbuls, ni sobre la relació evident i constatada (així en tots els procediments judicials oberts) entre tràfic de persones i la prostitució. Es diu que les dones que hi treballin han de ser autònomes. I cal preguntar-se, des de quan són autònoms els treballadors que donen el rendiment a favor d’un negoci d’un altre? Això es va aprovar amb l’aquiescència tàcita de les institucions, inclòs l’Institut de la Dona. En la pràctica, Catalunya és  pionera de la tolerància als prostíbuls i s’ha donat carta blanca a la seva instal·lació, aconseguint que tinguem el bordell més gran d’Europa. I s’ha fomentat les organitzacions contràries a l’abolicionisme i de foment del “treball sexual” fins al punt injustificable de que entrin a formar part de les xarxes legals de lluita contra la tracta de persones.

Me duele ver como el socialismo ha caído en la trampa neoliberal, pero me duele mucho mas ver a mujeres que se llaman a sí mismas feministas y utilizan los mismos argumentos sobre la mujer que los liberales más extremos.

Artículo publicado en Dones en Xarxa